El barroco del Prado todo para oler – En el Mundo

MADRID – La rosa, el jazmín, el narciso. El profundo aroma de la higuera y el más fresco del azahar, pero también el delicado olor a resina, ámbar y flores de los guantes de cuero, que en aquella época se utilizaban para la perfumería. Era 1617 cuando Jan Brueghel, flanqueado por su amigo Rubens, comenzó a trabajar en un cuadro muy especial, L’olfatto, el primero de una serie de alegorías dedicadas a los cinco sentidos. Por encargo de los archiduques Isabel Clara Eugenia y Alberto de Austria, príncipes de los Países Bajos del Sur, quiso evocar la opulencia del jardín de la pareja real en Bruselas. El resultado es una maravilla barroca que reúne más de ochenta especies de plantas y flores, mezcladas con pequeños animales relacionados de alguna manera con el tema y una variedad de objetos históricos, desde guantes de cuero hasta alambiques. Una obra maestra que el Museo del Prado de Madrid ha decidido contar a sus visitantes de una forma totalmente insólita al convertirla en el centro de una pequeña pero muy especial exposición ‘olfatoria’. Disfruta con los ojos, en definitiva, déjate hechizar por el arte del detalle en el que sobresalió el flamenco Bruegel o déjate sobrecoger por la exuberante estética de las figuras alegóricas que surgieron del pincel de Rubens. Pero también experimentar con la nariz, embriagada por los aromas de un jardín antiguo y que, gracias al sentido del olfato, de repente puede parecer increíblemente cercano.
Diseñada y creada por una pareja de estudiosos, el historiador del arte Alejandro Vergara, conservador jefe de pintura y escuelas flamencas del norte del Prado, y el perfumista Gregorio Sola, miembro de la Academia Española del Perfume, la exposición -que será visitada hasta el 3 de julio- recrea en la sala 83 del majestuoso museo diez de los preciados aromas de aquel jardín encantado. Nada improvisado: detrás del experimento, explicado por Prado, hubo un largo trabajo de selección de las plantas representadas para luego estudiar la botánica del siglo XVII y los antiguos tratados de perfumería. La tecnología (Samsung, como patrocinador técnico del Museo del Prado, y AirParfum, un sistema exclusivo creado por Puig, empresa de perfumes fundada en 1914 en Barcelona) hizo el resto proporcionando el apoyo necesario para que el flujo de aromas sedujera al visitante sin poner en peligro las obras expuestas, es decir, sin saturar el olor humano, pero también sin emitir partículas de alcohol que puedan dañar las pinturas. En la sala, donde junto a los 5 cuadros de la serie sense se exponen los retratos de la pareja real y el de una de sus residencias, se colocan cuatro monitores táctiles en los que aparece la imagen del cuadro, con diez olores seleccionados entre los muchos descritos por Bruegel. Se invita al visitante a hacer clic en un número que corresponde a una planta, una flor, un objeto y en ese momento entra en acción un difusor que dispara al aire el ramo elegido. La idea, explica Alejandro Vergara, nació con un doble objetivo: revivir los olores del pasado, pero también resaltar la obra de Brueghel, un pintor que gozó de gran fama entre sus contemporáneos, pero al que los visitantes de hoy no suelen llegar. pedir prestado mucho en el día a día. atención quizás también al tamaño muy pequeño de sus obras. Sin embargo, el experimento del Prado también tiene precedentes en Italia, en 2012 en Milán, donde se encargaron tres perfumes para una exposición de Canova en la Officina di Santa Maria Novella de Florencia, y luego en 2019, de nuevo en Milán, pero en la Pinacoteca de Brera. donde el perfumista Lorenzo Villoresi creó un camino olfativo para acompañar La Adoración de los Reyes Magos de Gaudenzio Ferrari. (RESOLVER).

Flavio Lizana

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