En el transporte, nuevas tecnologías a cámara lenta

Los investigadores no están saltando por aquí: para reducir la huella de carbono del transporte, debemos limitar nuestros viajes. En este caso, es necesario eliminar un máximo de desplazamientos no imprescindibles y dar preferencia a los vehículos colectivos o neutros en CO2. Aurélien Bigo, ingeniero especialista en transición ambiental en el transporte, reconoce que los fabricantes de automóviles se han esforzado por mejorar la huella ambiental de los motores. Pero el investigador lamenta que detrás de estos avances tecnológicos, los vehículos se hayan vuelto mucho más pesados ​​y en promedio tres veces más potentes en pocas décadas.

Stéphane Meuric, director del Technopool para la Movilidad Innovadora y Sostenible, cree que el Estado debe desempeñar su papel: “Zonas de Bajas Emisiones, prohibiendo ciertos accesos a los coches más contaminantes, reordenando la movilidad y empoderando a todos”. Sin embargo, cuando hay menos coches en los centros de las ciudades, aumenta su circulación en los suburbios. Aurélien Bigo desconfía de las aplicaciones destinadas a mejorar el flujo de tráfico: «Aumentan mecánicamente la velocidad de los vehículos». En cuanto a los que promueven el coche compartido de larga distancia, vemos que la mitad de los usuarios los utilizan para prescindir del tren. Tantas ganancias teóricas de energía se cancelan inmediatamente. Para el investigador, el Estado tiene que llegar a los extremos y dirigir todas estas políticas contra el coche: desarrollar alternativas al transporte por carretera y aéreo, revisar la ordenación del territorio, introducir impuestos agresivos, etc.

Flavio Lizana

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