Gas, Zelensky presiona a la UE. Y Draghi se centra en África

La invasión militar de Putin continuará. Si alguien ha tenido alguna vez alguna duda, de hecho el Kremlin ha dado claras indicaciones en las últimas 48 horas sobre la impracticabilidad de una negociación o confrontación diplomática entre Moscú y Kiev. Por ello, Zelensky decide centrarse en el que es el tema crucial de la guerra que se libra a las puertas de Europa desde hace más de mes y medio. De hecho, en un enlace de video al parlamento de Lituania, el presidente ucraniano está pidiendo a los países de la UE que establezcan un plazo, estado por estado, dentro del cual se detendrán las importaciones de gas ruso. De hecho, está bastante claro que -aparte de las sanciones comerciales ya vigentes- el tema energético es precisamente el principal motor económico de la maquinaria militar de Moscú. No en vano, en más de una circunstancia, Draghi no dudó en decir que “estamos financiando la guerra rusa”. Europa en general, pero -como lo llamó el Primer Ministro- Alemania e Italia en particular, los dos países de la Unión Europea más dependientes de las importaciones de gas ruso.

A estas alturas no es ningún misterio, la UE no se mueve de forma uniforme. E incluso aquellos que piden públicamente un embargo total a menudo tienen serias reservas. Berlín está segura de que el 49% de sus necesidades de gas son importadas de Rusia. Al igual que Italia, que en las últimas semanas ha abordado el tema con mucha cautela, intentando -aunque bajo el radar- a raíz del escepticismo alemán. Por otro lado, nuestro país también importa de Moscú el 46% del gas que consume. Una dependencia sin parangón en el Viejo Continente, recuerda que Francia solo obtiene una cuarta parte de su suministro de Rusia, mientras que el Reino Unido obtiene aproximadamente la mitad de sus necesidades de gas de fuentes nacionales.

Sin embargo, a pesar de la cautela, Draghi es muy consciente de que la dependencia energética de Moscú no es otra cuestión que pueda posponerse. De hecho, independientemente de cómo y cuándo termine el conflicto, es imposible imaginarse económicamente en manos de un estado hostil y poco confiable. De ahí la aceleración para diversificar fuentes y proveedores lo más rápido posible, concentrando la acción diplomático-comercial en aquellos países que puedan abastecernos más rápido. Por ejemplo, los acuerdos firmados el lunes en Argel -el acuerdo entre Eni y Sonatrach planea aumentar el metro cúbico de gas suministrado a Italia a través del gasoducto TransMed a 9 mil millones- también serán seguidos por asociaciones estratégicas con otros países africanos. El jueves 21 de abril, Draghi tiene prevista incluso una doble visita diplomática: por la mañana al Congo y por la tarde a Angola. Y a principios de mayo también será el turno de Mozambique.

En resumen, el objetivo sigue siendo la diversificación. Aunque está bastante claro que Argelia y los demás países africanos con los que Italia coopera, quizás por razones ajenas a Rusia, también son políticamente inestables. Y por tanto no son necesariamente fiables en una perspectiva económica a medio plazo. El acuerdo entre Italia y Argelia ha provocado un gran malestar en España, un país muy dependiente de los suministros de Argel. La elección del presidente del Gobierno español Sánchez de apoyar la posición de Marruecos en el conflicto del Sáhara Occidental habría irritado al presidente argelino Tebboune y le habría llevado -así asumieron ayer los principales diarios españoles- a preferir compradores alternativos en Madrid.

En resumen, la única forma de salir de verdad de la dependencia energética de los países que podrían amenazarnos con cerrar los grifos de la noche a la mañana es centrarnos en el frente doméstico: como furor por las energías renovables, las plataformas de extracción de gas en el Adriático y la compra de nuevos regasificadores. Lo que Draghi define como la «nueva estrategia energética» de Italia.

Alarico Orozco

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