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PARÍS: En un ambiente de buen humor y una clara movilización, numerosos expatriados libaneses marcharon este domingo hasta el Ayuntamiento del distrito 15 de París, un anexo del cual ha sido transformado en centro de votación para las elecciones parlamentarias libanesas.

Vinieron solos o en pequeños grupos, algunos acompañados de sus hijos pequeños, otros de sus mascotas.

Tenían que estar allí, fueran cuales fueran sus inclinaciones, fueran conservadores, adherentes a uno de los movimientos políticos tradicionales o quisieran cambiar.

Estas elecciones han iniciado una especie de movimiento, una dinámica en la que es importante participar, porque aunque vivan fuera de su país, quieren ayudar a que vuelva a funcionar.

El Líbano hoy está magullado, en estado de degradación diaria, bajo el impacto de las crisis que atraviesa a nivel económico, financiero, social, sanitario…

Entonces sí, debemos actuar para detener su caída, debemos votar en estas elecciones parlamentarias que son las primeras desde el levantamiento popular de 2019 y la trágica explosión del puerto de Beirut en agosto de 2020, con la esperanza de un futuro mejor. †

Este entusiasmo por la acción es especialmente notorio entre los jóvenes expatriados libaneses que se niegan a rendirse y aceptan con indiferencia la destrucción del Líbano.

Estos jóvenes estuvieron presentes en gran número en el colegio electoral del ayuntamiento del siglo XV, uno de los cuarenta centros repartidos este día electoral en diferentes regiones de Francia para albergar a 28.136 votantes registrados.

En la plaza del ayuntamiento, las conversaciones entre varios grupitos de amigos o conocidos transcurrieron bien.

Algunos dieron la bienvenida al clima templado que alentó a los votantes a moverse, otros hicieron predicciones sobre el resultado de la votación y su impacto en la distribución del poder dentro del parlamento libanés de 128 escaños.

Muchos criticaron el sistema de votación diseñado para favorecer a los candidatos de la clase política tradicional y prometieron vencerlos.

Muchos también se quejaron de la organización dentro de la mesa de votación, donde hay que pasar por tres etapas y ser paciente en la larga fila de votantes antes de que finalmente puedas depositar tu voto en la urna.

Una operación realmente tediosa que dura bastante más de cuarenta minutos y que empieza en la entrada del centro donde hay que buscar el número de mesa asignado a cada uno, esperar a acceder al centro y esperar de nuevo a acceder hasta que la mesa vota.

Esta lentitud, explica una de las funcionarias encargadas de la buena marcha de la votación, se debe al bullicio que califica de sorprendente, pero del que no puede más que regocijarse en sus propias palabras.

De hecho, el número de votantes registrados se ha más que duplicado desde las elecciones parlamentarias de 2018, en las que los expatriados pudieron votar por primera vez. Eran 9800 en número en ese momento.

Una vez cumplido su deber como ciudadanos, varios votantes optaron por prolongar el momento demorándose en la plaza del ayuntamiento o sentándose en los cafés cercanos.

Entre ellos, unos pocos quisieron perpetuar el recuerdo de su participación en la votación tomándose una foto de sus índices cubiertos con tinta indeleble, demostrando su paso a las urnas.

La visión de los índices entintados no dejó indiferente a la camarera.

Imelda Arevalo

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