¿Qué pretende Yolanda Díaz? De momento, la ministra de Trabajo española disfruta de la popularidad

El creciente consenso en torno al vicepresidente de la administración Sánchez no parece desembocar en una nueva propuesta política, al menos en un futuro próximo.

Para la ministra (y vicepresidenta del Gobierno) española de Trabajo, Yolanda Díaz, es un momento de gracia. Hace seis meses fue elegida por el exlíder de Podemos, Pablo Iglesias, como su reemplazo para ser perseguido por el jefe del Gobierno socialista, Pedro Sánchez. Sin embargo, no está inscrita en Podemos ni en ningún otro movimiento político, aunque sigue renovando su mapa del Partido Comunista de España en homenaje a su padre antifranquista -algo así como los primos de los partisanos siguen siendo miembros de la Anpi.

De hecho, Díaz ha definido a los partidos como «un obstáculo» y predica la transversalidad. Hace unos meses, a la sombra del lema «Otras politicas», la ministra de Trabajo se reunió con otras mujeres que se refieren a varios grupos de izquierda del PSOE: con la catalana Ada Colau (alcaldesa de Barcelona), con la madrileña Mónica García de Más País, con Fátima Hamed Hossain del Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía, activo en el enclave “africano” de Ceuta, y con la valenciana Mónica Oltra de Compromís. Luego de eso, la iniciativa quedó en espera, lista para ser reactivada en el momento adecuado.

Mientras tanto, Díaz, sin pretensiones, trabaja para conquistar a una cada vez más popular: ya es la segunda política más valorada por los ciudadanos en los sondeos de opinión (por detrás del presidente del Gobierno Sánchez) así como el segundo nombre más citado en las encuestas como posible futuro jefe de Gobierno (el primero es siempre el actual presidente del Gobierno).

Hubo dos etapas principales en el viaje que le permitieron llamar la atención sobre sí misma. Primero, a principios de diciembre, hubo una reunión en el Vaticano, en compañía de todos sus asociados, con papa francesco — un episodio lanzó a la jefa de comunicación del Partido Popular de Madrid, Macarena Puentes, quien en Twitter calificó la conversación entre el Papa y el viceprimer ministro español como una «cumbre comunista». Y luego, justo antes de Navidad, Díaz empacó una reforma laboral -que sin duda se le puede atribuir-, un acierto enviado por el líder del PP, Pablo Casado, que ha enfadado al líder de Confindustria española, Antonio Garamendi, por llegar a un acuerdo con sindicatos y Gobierno en una plataforma que cambia las reglas en el tiempo pasó por el popular presidente del Gobierno Mariano Rajoy.

Todavía no está muy claro qué quiere hacer con él el Díaz del consenso naciente. Y probablemente podría mantener esta ambigüedad durante mucho tiempo. De hecho, el Gobierno de Sánchez, que también demuestra ser capaz de cierta longevidad, exige un constante ejercicio de acrobacias y, para tener mayoría parlamentaria, debe dar siempre a los votos socialistas y a los de Podemos un mosaico de permisos adicionales provenientes de una galaxia de otras formaciones: por tanto, el presidente del Gobierno no puede entorpecer ni entorpecerá la (provisional) inofensiva operación de simpatía de su adjunto, que, además, no implica una subida paralela en las encuestas de la formación Podemos, que ellos de alguna manera, incluso sin ser parte de ello.

Además, las dos próximas citas electorales -la próxima prevoto autonómico en Castilla y León y la próxima en Andalucía- parecen favorecer a formaciones de derecha y por tanto no sería un buen momento para una candidatura experimental de izquierda de los socialistas. La de los Díaz parece, pues, una larguísima carrera que probablemente no se concretará en los próximos meses: el ministro de Trabajo se limita a alcanzar un consenso a la espera de que llegue el momento de replantearse la centralidad de Podemos en el radicalismo. Izquierda e intentar construyendo una propuesta política más fluida y con mucha tracción femenina en torno a su posible candidatura a dirigir el paístomando como modelo las experiencias que han tenido éxito en los últimos años en las elecciones municipales de grandes ciudades como Madrid y Barcelona.

Pero para hacerlo bien en las elecciones, incluso en una España donde los dos partidos se han vuelto algo incoherentes y el panorama político se vuelve más fluido, incluso Díaz necesitaría un movimiento un poco más estructurado para enfrentar la competencia de la izquierda, la maquinaria socialista establecida. que en su momento no se detendría, como lo hace ahora, quedándose quieto y mirando.

Alarico Orozco

"Gurú de las redes sociales sin disculpas. Lector general. Especialista en cultura pop incurable".

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.