Sáhara marroquí: ¡banco para Pedro Sánchez!

Una propuesta de resolución que pide una revisión de la nueva posición de España sobre el Sáhara Atlántico ha sido rechazada por abrumadora mayoría en el Parlamento. Aunque las dos principales formaciones españolas (PSOE y PP) están castigando duramente a Argelia ya los separatistas, ahora comparten la misma actitud y pretenden mantenerla.

Bálsamo para el corazón para Pedro Sánchez, máximo responsable de la dirección española. El 14 de julio, el Congreso de los Diputados -la Cámara de Representantes, las Cortes Generales, con el Senado- dio un apoyo franco y masivo a la posición de su gabinete sobre la cuestión del Sáhara marroquí. Un proyecto de resolución que pedía su revisión fue rechazado por amplia mayoría de 252 votos sobre 333. En este caso, se trataba del mensaje enviado al Rey Mohammed VI por el presidente del Gobierno español el 14 de marzo. Esencialmente afirmó que su país está «considerando»[érait] la iniciativa de autonomía marroquí como la base más seria, realista y creíble para la solución del diferendo” de las provincias del sur recuperadas.

¿Cómo leer e interpretar este voto parlamentario? El gabinete de Sánchez tiene solo una mayoría relativa de 153 escaños después de las elecciones de noviembre de 2019. España tuvo anteriormente cuatro elecciones generales. El PSOE, partido socialista (120 escaños) luchó por unirse a Podemos (35 escaños) para formar el primer gobierno de coalición desde la restauración de la democracia tras la muerte de Franco en noviembre de 1975. Las tensiones entre ambas formaciones, sin embargo, vuelven. de los cuales están precisamente vinculados al expediente del Sáhara marroquí. Lo que ha pasado esta vez es que la votación de los últimos días ha movilizado no solo al PSOE, sino también al segundo partido de la oposición en casi tres años, el Partido Popular (PP), con 89 parlamentarios. Con 252 votos, más de cuarenta parlamentarios respaldaron la nueva posición de Madrid sobre el Sáhara marroquí. ¿Quiénes son? De diferentes colectivos y múltiples sensibilidades partidistas.

Sin duda, dos factores acumulativos han empujado en esta dirección. El primero tiene que ver con lo que podría llamarse un proceso de maduración que da frutos lentamente; lleva a algunos cargos electos y líderes de la clase política española a comprender mejor los nuevos términos de referencia de este tema nacional. El Reino está cosechando los frutos de una diplomacia proactiva e influyente, que ha visto el despliegue de poderes: el primero del mundo, Estados Unidos, desde el reconocimiento estadounidense en diciembre de 2020 de la soberanía marroquí sobre las provincias saharianas; Alemania, el pasado mes de enero; que Holanda y otros países…

Un planteamiento en la línea de todas las resoluciones del Consejo de Seguridad desde abril de 2007, que desde esa fecha han acogido con satisfacción el plan de autonomía de Marruecos y “los esfuerzos serios y creíbles”. También tiene en cuenta el impacto de la crisis abierta con Rabat, desde abril de 2021, tras la recepción del presidente de la entidad títere de la RASD, Brahim Ghali, y su estancia médica. Ante el Congreso de los Diputados del pasado 30 de marzo, Pedro Sánchez destacó que “la posición de España en el tema del Sáhara está en la línea de la de sus socios europeos y de muchos otros países”; que la Comisión Europea en Bruselas y el Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores apoyaron la posición de Madrid; que las relaciones con Marruecos, «vecino y socio estratégico indispensable, son un asunto de Estado que requiere una política de Estado»; y que la nueva página con Marruecos “ha emprendido el camino de la repolitik para afrontar los retos del Estado, especialmente en términos de estabilidad, prosperidad y seguridad”.

La votación del 14 de julio marca una nueva racha en este ámbito. De hecho, durante meses, los parlamentarios se habían movilizado para intentar influir en la revisión de la nueva posición española. 1ejem En julio de 2022, los parlamentarios aprobaron un borrador de moción no vinculante que pedía a Madrid que volviera a su posición de neutralidad sobre el Sáhara y restableciera una «relación amistosa» con Argelia: se aprobó con 193 votos, 110 en contra y cuatro abstenciones. Previamente, ya se habían tomado otras iniciativas en la misma línea, el 7 de abril y luego el 27 de mayo.

Otro factor a recordar: el del deterioro de las relaciones entre Madrid y Argel como consecuencia de la nueva posición de España sobre el Sáhara marroquí. La crisis se ha instalado. A principios de junio, Argelia decidió suspender el tratado de amistad y buenas relaciones de vecindad y cooperación económica entre los dos países. Además, Argel ha tomado medidas coercitivas contra bancos argelinos congelando la domiciliación de empresas españolas para importaciones y exportaciones con España. Esto había provocado una respuesta firme de la UE, que prácticamente consideró que se trataba de una «declaración de guerra económica» contra un estado miembro. El 30 de junio, Madrid volvió a acusar a Argel de bloquear casi todo el comercio bilateral excepto el gas, lo que contradecía claramente las negativas de las autoridades argelinas.

¿Qué concluir? Que Argelia y el movimiento separatista han vuelto a recibir un fuerte rechazo, y que deben tomar nota de la consolidación de la posición del Gobierno español en sus relaciones con Marruecos y en particular en la causa nacional; que de nada servirán las presiones y tensiones de Argel; que los dos principales partidos españoles (PSOE y PP) comparten ahora esta actitud y pretenden mantenerla; y que Argelia no es un socio fiable para inmiscuirse en asuntos de soberanía española. Una luz dura para romper con ciertos grupos extremistas en España -minoritarios o regionales- y mezclar su animosidad hacia el gabinete de Sánchez y así disparar a toda máquina como en el Sáhara marroquí.

Esfuerzo malgastado. El caso marroquí está grabado en piedra. Inalienable. Solo bien. Con títulos históricos y legales generalmente reconocidos e inaugurados por la comunidad internacional.

Martita Jiron

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